Enclavado en el centro de la Península de Yucatán, a unos 80 kilómetros al sur de la ciudad de Valladolid, se encuentra el pequeño pueblo de Tihosuco, lugar con esencia de las culturas maya y española que se fundieron para dar paso al mestizaje y una nueva concepción de la realidad social y cultural de los habitantes de esta región.


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    Tihosuco (de Jo'o - Cinco y Tssuk - Estómago), capital del cacicazgo de Cochuah, fue conquistado por Francisco de Montejo en 1544.

    Los frailes franciscanos lo escogieron como cabecera de su trabajo de vangelización del centro de la península. Con el tiempo, el próspero Tihosuco se pobló de familias españolas y mestizas, que construyeron amplias casonas alrededor de la plaza principal.

    En 1847, cansados de soportar los malos tratos y ser explotados, los indígenas de la península de Yucatán se sublevaron en contra de la población blanca y mestiza bajo el mando de varios caciques de la región; entre ellos Jacinto Pat, cacique de Tihosuco a la que se denominó Guerra de Castas y Tihosuco quedó al principio en poder de los mayas rebeldes, cambiando de manos en el transcurso de los 50 años que duró este conflicto.

    Abandonado en 1901, se repobló en los años 30 con familias procedentes de pueblos vecinos.

    Los nuevos pobladores se dieron a la tarea de rescatar los edificios religiosos y las casonas que la selva se había tragado, que hoy en día podemos admirar.

    Los edificios más importantes del pueblo son la iglesia -cuya construcción se terminó en 1839- y el convento. Ambos han sufrido el paso del tiempo y de la historia: de la fachada de la iglesia, debido al intento de los rebeldes de destruir este edificio que la población blanca y mestiza usaba como refugio, queda apenas una pared alta y estrecha rematada por un imprudente árbol. La explosión voló también una parte del techo.

    Del convento, convertido en panteón, sobreviven los muros exteriores, a punto de derrumbarse. Las casonas alrededor de la plaza principal lucen bonitas ventanas y portones de piedras labradas, que hablan de la prosperidad pasada del pueblo.

    Muchas se encuentran en ruinas, algunas -como las que albergan la biblioteca y el Museo de la Guerra de Castas- han sido restauradas.

    Este interesante museo exhibe documentos, objetos, mapas y cartas de los protagonistas de la Guerra de Castas. En el patio del museo, un jardín botánico reúne plantas sagradas (como el balché) y hierbas medicinales de los antiguos mayas y algunas personas de la comunidad enseñan a preparar para uso medicinal.

    En Tihosuco, se practican numerosas fiestas ligadas al ciclo agrícola: fiestas de la Santa Cruz el 3 de mayo, fiesta de los cha'chaakc -los dioses de la lluvia- a principios de julio, pibinal donde se reparte entre la población la primera cosecha de elotes cocidos en horno de tierra para "agradecer a los dioses y a los arcángeles" y pedirles más lluvias. Muchos curanderos o yerberos (h-men) practican la medicina tradicional.

    La cultura maya que prevalece hoy en Tihosuco es producto del sicretismo entre las culturas maya y española lo que se hace muy evidente en el culto a la cruz, común a las dos culturas.

    Antes de simbolizar a la Pasión de Cristo, la cruz era un símbolo maya prehispánico. Representaba las cuatro direcciones del Universo, cuyo centro estaba delimitado por la confluencia de las dos líneas.

    Durante la Guerra de Castas, al cruz fue el símbolo de los insurrectos: los cruzoob. La cruz parlante dirigió desde Chan Santa Cruz -hoy Felipe Carrillo Puerto- las operaciones militares y estableción una dictadura teocrática-militar que no desapareción con el fin de la guerra: cinco centros ceremoniales, resguardados bajo el mando de un "general" por custodios que se turnan, rinden hasta el día de hoy culto a la cruz parlante, la "Santísima".

    También es interesante visitar sobre la misma ruta y a pocos kilómetros de Tihosuco, los pueblos de Tepich, X-Cabil, Huay Max, Sabán o Sacalaca, cuyas casas e iglesias llevan todavía las huellas de los combates que allí se libraron durante la Guerra de Castas.

    Un grupo de habitantes de Tihosuco con el propósito de impulsar la visita de los turistas a que conozcan su riqueza cultural, organizaron una sociedad cooperativa en la que además de exponer sus tradiciones y costumbres venden artesanías, productos medicinales y alimentos en conserva que ellos mismos producen.

    Las visitas al museo son de martes a domingo de 10 a 18 horas y se mantiene cerrado los días lunes. Tiene un costo de $ 10.00 para el público en general y para estudiantes y maestros con credencial $ 5.00

    Esto y más podemos encontrar en Tihosuco, contacta y haz tu reservación para este verano.

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